Cuando piensas en el parto, quizá imaginas un solo momento: las contracciones se hacen fuertes, llegas a la clínica y nace tu bebé. En la vida real suele sentirse más como un camino con etapas. Hay un comienzo que puede ser suave y cambiante, un momento en el que el trabajo se vuelve más intenso, el nacimiento del bebé y una última fase en la que sale la placenta.
Conocer las etapas del trabajo de parto no sirve para ponerle un cronómetro al cuerpo ni para adivinar exactamente cuánto va a durar. Sirve para reconocer qué puede estar pasando, saber qué preguntas hacer, preparar a tu acompañante y llegar con recursos que ya hayas practicado.
Cada parto tiene su propio ritmo. Algunos avanzan poco a poco; otros se aceleran. También puede haber una inducción, analgesia, cambios de posición, procedimientos o una cesárea si llega a ser necesaria. Ninguno de esos caminos define tu valor ni convierte el nacimiento en un fracaso.
Prepararte no significa controlar el parto. Significa entender mejor el proceso y tener más herramientas para vivirlo acompañada.
este contenido es informativo y no reemplaza la valoración ni las indicaciones de tu equipo de salud. Consulta directamente si tienes sangrado, salida de líquido, disminución de movimientos del bebé, contracciones antes de la semana 37, dolor intenso continuo, fiebre, dolor de cabeza fuerte, visión borrosa o cualquier situación que te preocupe.
¿Cuáles son las etapas del trabajo de parto?
De forma general, el parto se describe en tres etapas:[4]
- Dilatación: comienza el trabajo de parto y el cuello del útero se ablanda, se acorta y se abre hasta alcanzar la dilatación completa. Dentro de esta etapa se habla de fase latente y fase activa.
- Nacimiento o etapa expulsiva: empieza con la dilatación completa y termina cuando nace el bebé.
- Alumbramiento: ocurre después del nacimiento y termina con la salida de la placenta.
Esta clasificación ayuda a entender el proceso, pero no significa que tú vayas a sentir una frontera exacta entre una etapa y otra. Lo que sientes, la forma en que avanzan las contracciones y el tiempo que necesita tu cuerpo pueden variar mucho.[1][2]
Primera etapa: dilatación
La primera etapa suele ser la más larga. Durante ella, las contracciones ayudan a que el cuello del útero se ablande, se afine —lo que se llama borramiento— y se abra de manera progresiva.[1]
Dentro de esta etapa hay dos momentos: la fase latente y la fase activa.
Fase latente: el cuerpo empieza a abrir camino
La fase latente es el comienzo del trabajo de parto. Las contracciones pueden ser suaves o sentirse intensas, pero con frecuencia todavía son variables: aparecen, se espacian, vuelven o cambian de ritmo.
Mientras tú intentas entender si “ya empezó”, el cuerpo puede estar haciendo bastante trabajo. El cuello del útero comienza a ablandarse, acortarse y abrirse. También puede salir el tapón mucoso, aumentar el flujo o aparecer presión en la pelvis y dolor bajito en la espalda.
Esta fase puede durar horas y, en algunas personas, extenderse más. La Organización Mundial de la Salud señala que no existe una duración estándar para la fase latente y que puede variar ampliamente de una mujer a otra.[2]
Eso es importante porque evita una idea que suele generar ansiedad: que el parto debería avanzar al mismo ritmo para todas.
¿Qué puedes sentir en la fase latente?
Puedes notar:
- contracciones irregulares o que todavía te permiten hablar;
- cólicos parecidos a los de la menstruación;
- presión en la pelvis;
- dolor en la espalda baja;
- salida del tapón mucoso;
- necesidad de concentrarte un poco más cuando llega cada contracción;
- emoción, impaciencia, sueño o dudas sobre si ya debes salir.
No todas las personas sienten lo mismo. Algunas viven un inicio muy tranquilo y otras tienen una fase latente intensa aunque el cuello uterino todavía esté cambiando despacio.
¿Qué puede ayudarte?
Si tu embarazo es de bajo riesgo y tu equipo te indicó que puedes permanecer en casa durante esta fase, podrías priorizar descanso, hidratación, comida según las indicaciones recibidas, una ducha tibia, posiciones cómodas y un ambiente tranquilo. También puedes usar una respiración conocida, balancearte suavemente o apoyarte en tu acompañante.
No conviertas este momento en una prueba de resistencia. Si necesitas orientación, llama. Si algo no se siente bien, consulta. Tu equipo de salud debe darte instrucciones específicas sobre cuándo acudir a la clínica según tu embarazo, tu historia y el lugar donde tendrás a tu bebé.
Si quieres repasar las señales que puedes observar, lee también: Señales de parto: cómo saber si el nacimiento se acerca y cuándo consultar.
Y si la duda es si lo que sientes son contracciones de práctica, puede ayudarte esta guía: Braxton Hicks vs. contracciones de parto.
Fase activa: las contracciones toman más fuerza y ritmo
En la fase activa, las contracciones suelen ser más regulares, intensas y cercanas. El cuello del útero continúa abriéndose hasta la dilatación completa.
Las guías no usan exactamente el mismo punto para marcar el inicio de esta fase. La OMS describe la fase activa desde los 5 centímetros, mientras que ACOG recomienda considerar los 6 centímetros como su inicio.[2][3] En Colombia, la Ruta Integral de Atención Materno Perinatal describe el periodo activo desde una dilatación mayor de 6 hasta los 10 centímetros, acompañado de dinámica uterina regular.[5]
No necesitas decidir en casa cuántos centímetros tienes: eso lo valora el equipo de salud. Lo útil es entender que una contracción fuerte aislada no cuenta toda la historia. Se observa el patrón, los cambios del cuello uterino, cómo están tú y tu bebé y la evolución general.
¿Qué puedes sentir en la fase activa?
Puede aparecer:
- necesidad de detenerte y concentrarte durante cada contracción;
- menos ganas de conversar;
- presión en la espalda, la pelvis o el recto;
- temblor, calor, frío o náuseas;
- necesidad de moverte o cambiar de posición;
- deseo de silencio, contacto, masaje o analgesia;
- una sensación clara de que el trabajo está avanzando.
La intensidad no significa que debas hacerlo sola ni que tengas que rechazar opciones de alivio. Puedes usar respiración, movimiento, masaje, agua o apoyo emocional si son apropiados para ti, y también pedir información sobre las opciones farmacológicas disponibles.
Tu alivio y tus decisiones importan. No tienes que demostrar cuánto aguantas.
¿Qué puede hacer tu acompañante?
En esta fase, una persona preparada puede ayudarte a:
- recordarte que sueltes hombros y mandíbula;
- respirar contigo sin imponerte un ritmo;
- ofrecerte agua o avisar al equipo si necesitas algo;
- apoyar con masaje o presión si tú lo deseas;
- ayudarte a cambiar de posición;
- cuidar la luz, el ruido y las conversaciones;
- formular preguntas cuando te cueste hablar;
- recordarte tus preferencias sin decidir por ti.
En Colombia, la ruta materno-perinatal indica acompañamiento individual y continuo por la persona elegida por la mujer durante el trabajo de parto, además de alentar posiciones cómodas y movilidad cuando las condiciones lo permiten.[5]
Puedes ampliar este tema en: Acompañamiento en el parto: por qué importa tener una red de apoyo.
¿Qué es la transición?
A veces se usa la palabra transición para hablar del tramo final de la fase activa, cuando el cuello uterino se acerca a la dilatación completa y la intensidad puede sentirse mayor.
En este momento algunas mujeres sienten presión, temblor, náuseas, irritabilidad, cansancio o ganas de decir “no puedo más”. Otras lo viven de manera diferente, especialmente si tienen analgesia epidural.
No necesitas reconocer la transición por tu cuenta. Si sientes ganas de pujar o una presión nueva, avisa al equipo. Ellos pueden valorar qué está pasando y orientarte.
Segunda etapa: nacimiento del bebé
La segunda etapa comienza cuando el cuello uterino está completamente dilatado y termina con el nacimiento del bebé.[3][4]
En esta etapa, el bebé desciende por el canal de parto. Puede aparecer una necesidad espontánea de pujar, aunque no todas las mujeres la sienten de la misma manera. La epidural, la posición del bebé, si es el primer parto y otros factores pueden cambiar las sensaciones y la duración.
El equipo valorará el descenso del bebé, su bienestar y cómo te encuentras tú. También te orientará sobre el momento de pujar y las posiciones posibles según la situación.
Pujar no tiene una única forma
Quizá hayas visto partos en los que todas las personas gritan instrucciones y cuentan hasta diez. En la práctica, el pujo puede vivirse de maneras distintas.
Puedes necesitar guía del equipo, seguir el impulso de tu cuerpo o combinar ambas cosas. También puedes probar posiciones como estar de lado, semisentada, de rodillas o en cuatro apoyos, siempre que sean seguras para ti y compatibles con la vigilancia o los procedimientos que necesites.
ACOG recomienda que el pujo comience cuando se alcanza la dilatación completa, pero la forma concreta de acompañarlo debe ajustarse a la situación clínica y a la persona.[3]
Aquí también importan la comunicación y el consentimiento. Puedes pedir que te expliquen qué están observando, qué recomiendan y por qué.
Tercera etapa: alumbramiento o salida de la placenta
Cuando nace el bebé, el parto todavía no ha terminado. Comienza la tercera etapa: el útero vuelve a contraerse y la placenta se separa y sale.[1][4]
El equipo observa el sangrado, revisa tu estado y verifica que la placenta haya salido completa. Según el protocolo, tus preferencias y la situación clínica, pueden usarse medicamentos para favorecer la contracción del útero y reducir el riesgo de sangrado.
Mientras esto ocurre, si tú y tu bebé están bien, puede comenzar el contacto piel con piel y el primer encuentro. No siempre se vive exactamente igual: algunas situaciones necesitan atención inmediata para la mamá o el bebé. Si el plan cambia, puedes pedir que te expliquen qué sucede y que mantengan informado a tu acompañante.
¿Cuánto dura cada etapa?
No hay una respuesta que sirva para todos los partos.
La fase latente puede detenerse y volver a empezar. La fase activa puede avanzar a ritmos diferentes. La etapa de nacimiento puede durar desde minutos hasta varias horas. Por eso, aprender una tabla rígida puede generar más preocupación que claridad.
Las guías actuales insisten en que el progreso debe valorarse con contexto y no solo con una regla fija de “un centímetro por hora”. La OMS reconoce una variación amplia entre mujeres, y ACOG utiliza criterios clínicos específicos antes de hablar de detención del trabajo de parto.[2][3]
Tu parto no está compitiendo contra el de otra persona.
¿Qué pasa si el parto no sigue este camino?
No todos los nacimientos pasan por estas etapas de la misma forma.
- Si hay inducción, el trabajo de parto puede empezar con medicamentos o procedimientos y requerir vigilancia específica.
- Si usas epidural, las sensaciones, el movimiento y el pujo pueden sentirse distintos.
- Si el nacimiento termina en cesárea, la preparación sigue siendo útil para comprender las decisiones, comunicar preferencias, organizar el acompañamiento y cuidar el posparto.
- Si el parto avanza muy rápido, quizá no tengas tiempo de usar todas las herramientas que preparaste.
- Si avanza lentamente, eso no significa automáticamente que tu cuerpo falló; el equipo debe valorar el cuadro completo.
Prepararte para distintos escenarios no atrae resultados negativos. Te da un mapa más amplio para preguntar, decidir y adaptarte.
Cómo prepararte para cada etapa antes del parto
No necesitas memorizar un manual completo. Puedes empezar con acciones sencillas:
- Pregunta cuándo llamar y cuándo ir. Tu equipo debe darte criterios ajustados a tu embarazo y al lugar de atención.
- Practica una respiración que te resulte cómoda. No para hacerla perfecta, sino para que tu cuerpo la reconozca. Puedes usar esta guía de respiración para el parto.
- Habla con tu acompañante. Dile qué frases te ayudan, qué contacto prefieres y cómo puede apoyarte.
- Conoce tus opciones de alivio. Pregunta qué medidas físicas y farmacológicas ofrece la institución.
- Prepara preguntas y preferencias. Puedes organizarlas en tu plan de parto.
- Deja lista la parte práctica. Documentos, ruta, contactos y maleta para el parto.
- Incluye el posparto. El nacimiento no termina cuando sale la placenta; tú también necesitarás descanso, información y red.
Preguntas frecuentes sobre las etapas del trabajo de parto
¿Cómo sé si estoy en fase latente o activa?
En casa puedes observar si las contracciones toman un patrón y requieren más concentración, pero no puedes saber la dilatación sin valoración. Sigue las instrucciones de tu equipo y llama si tienes dudas o aparece una señal de alarma.
¿La fase activa empieza a los 5 o a los 6 centímetros?
Depende de la guía utilizada. La OMS la describe desde los 5 centímetros y ACOG desde los 6.[2][3] En Colombia, la Ruta Materno Perinatal toma como referencia una dilatación mayor de 6 centímetros con dinámica uterina regular.[5] El equipo no debería decidir basándose solo en un número, sino en tu evolución y el bienestar de ambos.
¿Todas las mujeres sienten ganas de pujar?
No. Algunas sienten un impulso muy claro y otras no, especialmente si tienen epidural. Informa cualquier presión nueva y sigue la orientación del equipo.
¿La salida de la placenta duele?
Puede sentirse como contracciones más suaves, presión o necesidad de pujar otra vez. La experiencia cambia de una persona a otra. El equipo estará pendiente del sangrado y de que la placenta salga completa.
¿Un curso psicoprofiláctico puede enseñarme estas etapas?
Sí. Un curso bien estructurado puede ayudarte a entender las fases, practicar respiración y movimiento, preparar al acompañante, conocer opciones de manejo del dolor y organizar preguntas para el equipo. No reemplaza la atención médica ni garantiza un tipo de parto.
Llegar con información también es una forma de cuidado
Conocer las etapas del trabajo de parto no te obliga a predecir cada minuto. Te ayuda a reconocer que el nacimiento es un proceso, que cada fase puede pedir recursos distintos y que no tienes que vivirlo sola.
En el curso psicoprofiláctico de Cunamor trabajamos la fisiología del parto, las etapas del nacimiento, la respiración, el movimiento, el manejo del dolor, el rol del acompañante, el plan de parto, la lactancia y el posparto.
La meta no es prometerte un parto perfecto. Es que llegues con más claridad, preguntas más concretas y una red que sepa cómo acompañarte.
Prepárate con más claridad para el nacimiento.
Conoce el curso psicoprofiláctico de Cunamor
Leave a Reply